Marzo - Abril 99Año_4_ Num. 21
Titulo Cultura y Arte
Blanco interno Imagen Rogelio Macias

HISTORIA DE LA MÚSICA CLÁSICA II. DE LA MÚSICA BARROCA (4) EL BARROCO MEXICANO

En la época barroca, pocos centros metropolitanos y musicales del Nuevo Mundo rivalizaron - y ninguno sobrepasó - el esplendor y la sofisticación de la Ciudad de México. Mientras en las colonias inglesas se componían las rústicas "fuguing tunes", en las catedrales de México se creaba música concertada vocal de extraordinaria belleza y elegancia que se tocaba a lo largo de la Nueva España, desde Guatemala en el sur hasta las misiones de California en el norte.

La conquista española se hizo en la época del Renacimiento, ese gran movimiento cultural de Europa de los siglos XV y XVI, que lanzaba destellos deslumbrantes en todos los campos de la actividad humana. España no iba a la zaga, y muestra de ellos fue la construcción de su imperio, "donde jamás se ocultaba el sol". América, crisol de razas y de culturas, sería la heredera y copartícipe de ese florecimiento, como se puede comprobar por los testimonios arquitectónicos, escultóricos, literarios, artesanales, etc. que, junto con la herencia indígena, forman la parte esencial de nuestras nacionalidades. En ese legado se incluye la música., la que tuvo una presencia importante en el entorno social y cultural de esa "triple república" indígena, negra y española que conformaba la sociedad novohispana.

Los maestros de música eran europeos, de España, Portugal o Italia, y ninguno de ellos aventurero del arte, sino todos notables profesionales que encontraron en los nativos indios y en los esclavos negros una extraordinaria caja de resonancia que enriqueció, como en ningún otro lugar del mundo, la música barroca. Así, pronto se encontraron verdaderas capillas de indios y negros haciendo polifonía, tocando guitarras, arpas, flautas y, en las nuevas iglesias, cantando al Señor cristiano con todo lo que tuvieran a mano.

Antes de seguir disertando, les presentaré un ejemplo musical de uno de estos grandes maestros europeos venidos a la Nueva España. Se trata de Ignacio de Jerusalem y Stella, nacido en Italia alrededor de 1710 y descrito por sus contemporáneos como un milagro musical. En 1742 fue contratado para el Coliseo de la Ciudad de México, que era como el Broadway de entonces y aquí. Desde el año de 1749 y hasta su muerte en 1769, fue el músico más importante de la Nueva España, particularmente en la música religiosa. De este autor, los invito a escuchar el Responsorio Segundo de S. S. José, que es una muestra de su faceta del "alto barroco". Es la pieza de Jerusalem que más recuerda el espíritu de Bach. La escucharemos con el conjunto Chanticleer que dirige Joseph Jennings.

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La música barroca mexicana se conservó en las iglesias, fundamentalmente en las grandes catedrales de México, Puebla y Oaxaca. Se hacía música religiosa y profana, pero, desde luego, la que mejor se conserva es la primera. De esta, había música para la liturgia y villancicos, que son en los que el mestizaje afro-indo-europeo alcanzó su mayor y más bella expresión, sin paralelo en el resto del mundo. Se hacían villancicos o sus variantes (xácaras, ensaladas, juguetes, chanzonetas, tocotines, guarachas, etc.) en español, en catalán, en gallego, en portugués, en nahuatl, en negrito y en guineo (que eran dialectos negros del castellano). Y se crearon danzas, como la chacona, que posteriormente habrían de tomar carta de naturalización en Europa y las usarían músicos de la talla de Juan Sebastián Bach.

La música profana cultivaba los modelos europeos. Las formas galantes como el concerto italiano, las formas más austeras de modelo alemán y, por supuesto, la formas españolas, con un importante contenido de folklore.

De esta música profana escucharemos una sonata anónima para flauta de pico y bajo continuo, que forma parte del acervo de la Catedral de México. Es pieza de una colección de cincuenta y tres sonatas, de las que se perdieron las veinte primeras y con ellas la portada, donde seguramente estaba el nombre del autor. Escuchemos esta Sonata anónima del barroco mexicano, en Sol Mayor, en la interpretación de Horacio Franco con la flauta. Es muy breve, pero tiene sus tres movimientos del estilo italiano.

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El tercer ejemplo musical será un villancico en negrito, que, como les dije, era un dialecto africano del español que hablaban los esclavos negros. Estos rápidamente tomaron la música europea y la enriquecieron con sus ritmos y sus armonías, basadas en sus sencillos instrumentos de percusión: claves, maracas y tambores. Crearon una sorprendente música mulata que luego tomaron los europeos. Tal es el caso de Juan de Araujo, músico español de los más dotados en el siglo XVII, del Viejo y el Nuevo Mundo. Vivió un tiempo en una pequeña población de lo que ahora es Bolivia y luego en México, donde murió en 1712. Como todos los de entonces, fue un autor muy prolífico y les presentaré un villancico mulato, armonizado con instrumentos africanos y escrito para ser cantado en negrito. Se refiere a la peregrinación de tres reyes negros a Belem, a adorar al Niño Dios, y todo el tiempo van bailando danzas africanas, las que van describiendo. Se llama Negritos a la Navidad del Señor y en negrito se llama Los coflades de la estleya, es decir, Los cofrades de la estrella. Interpretan Dana Hanchard y Derek Lee Ragin cantando, La Camerata de Boston y la Schola Cantorum de Boston dirigidos por Joel Cohen.

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Para cerrar esta entrega, voy a enumerar algunos de los autores mexicanos de esa época, que injustamente desconocemos. Hay algunos de origen europeo, pero fueron mexicanos en cuanto que aquí vivieron y realizaron su trabajo. Ellos son Don Juan de Lienas, Gaspar Fernández, Javier Ximeno, Juan Gutiérrez de Padilla, Antonio de Salazar, Juan Pérez Bocanegra, Sebastián de Murcia, Juan García de Zéspiedes, Hernando Franco, Francisco López Capillas y el más notable oriundo mexicano, Manuel de Zumaya.

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