PALACIO CLAVIJERO (Antiguo Colegio de San Francisco Javier)
Suntuosa expresión del barroco tablerado este edificio es la
grandiosa herencia que, a su paso por Michoacán, dejaran los
Jesuitas. Su construcción principió el 2 de diciembre de 1660,
por iniciativa del obispo Marcos Ramírez del Prado. En sus
inicios funcionó como colegio. Al triunfar el movimiento de
Independencia, y cuando formaron los Estados de la República
Mexicana una Federación, aquí se instaló el Congreso de
Michoacán. Con el fin de conservar esta obra, en los años
1969-1970 se promovió y concluyó su total remozamiento. El
antiguo colegio jesuita debe su actual nombre a uno de los más
brillantes maestros que tuviera esta orden Francisco Javier
Clavijero, nacido en Veracruz, hijo de padres españoles. Fue
educado en París, regresó a la Nueva España para encargarse de
las Alcaldías Mayores de Teziutlán y Xicoyán, en Puebla. Ingresó
a la compañía de Jesús, en el año 1748; allí se dedicó al
estudio de las ciencias físicas y naturales, y de los clásicos
latinos y castellanos. Su interés por las lenguas griega y
hebrea, estaba a la par del que tenía por las aborígenes náhuatl
y otomí, con las que profundizó en el conocimiento del carácter
indígena y, por consecuencia, de sus antecedentes; esto le
permitió escribir su meritoria Historia Antigua de México.
Clavijero dejó constancia de su sabiduría también en el terreno
de la filosofía neohumanista, en las páginas de su libro
Diálogo entre Filiteles y Paleófilo. Al ser expulsados los
jesuitas, en 1767, Francisco Javier Clavijero sufrió también el
destierro, y murió en Bolonia, Italia, el 2 de abril de 1787.
Sus restos mortales reposan hoy en la Rotonda de los Hombres
Ilustres, de la ciudad de México. En el edificio, ahora,
laboran distintas oficinas de Gobierno, entre las que se
encuentra la Coordinación de Asuntos Culturales y Turísticos.
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