EXCONVENTO DE SAN AGUSTIN
Una de las primeras obras monumentales que se levantaron en la
antigua Valladolid, durante el siglo XVI. Sus ventanas
coloniales y su portería renacentista, como también la fachada
de la iglesia con tendencias platerescas, destacan el trabajo
de artífices nativos, dirigidos por alarifes de la propia
comunidad. El interior de la iglesia ya no tiene el ambiente
monacal de la mitad del siglo XVI. La exuberancia ornamental
notoria tanto en el retablo mayor, que se atribuye al
arquitecto Francisco Eduardo Tres Guerras, como en las
laterales, corresponde al esplendor del siglo XIX. En el retablo
mayor se venera a la Virgen del Socorro, obra valiosa no sólo
desde el punto de vista artístico, sino religioso, porque fue
donada a la comunidad agustina por Santo Tomás de Villanueva,
arzobispo de Valencia, antes de su muerte en 1565. Es de notar,
en el presbiterio, la sillería que utilizaron los monjes en sus
horas de coro. Una capilla lateral, cercana a la sacristía,
tiene el techo abovedado cubierto de pinturas al fresco; de sus
paredes penden retratos al óleo realizados por el artista
criollo Javier Tapia, como el del padre Basalenque, cronista de
la orden; fray Juan Bautista de Moya, famoso evangelizador de la
Tierra Caliente y de los pueblos de la costa del pacífico, hasta
Acapulco; fray Alonso de la Veracruz, fundador del Colegio de
Tiripetío en 1538 y, más tarde, ilustre maestro de la Universidad
Real y Pontificia de México; Antonio de Huitziméngari, príncipe
purépecha y alumno de Tiripetío, y de otros ilustres miembros de
la comunidad agustiniana.
La iglesia tiene comunicación con el exconvento por la portería,
situada en la parte exterior, que conduce hacia el claustro, en
cuyo patio, el surtidor de una fuente vierte su precioso
líquido. La taza central de esta fuente con brocal barroco de
trazo mixtilíneo, fue pila bautismal en la primitiva catedral.
El techo del cubo de la escalera que conduce a las dependencias
de clausura, es de marcado estilo gótico; el claustro superior
tiene techumbre con vigas de madera, y en sus paredes se observa
una cenefa pintada al fresco y arquería apainelada sobre
columnas tascanas. Bóvedas de cañón cubren al claustro bajo,
que muestra una gran severidad. Las crujías de los lados
poniente y sur, dan acceso a las celdas monacales, todas ellas
de bóveda.