CATEDRAL DE MORELIA
El obispado de Michoacán se erigió, con sede en Tzintzuntzan,
conforme a una bula emitida por el papa Paulo III, el 8 de
agosto de 1536. El obispo Vasco de Quiroga trasladó esta
diócesis a Pátzcuaro, en 1540, y el obispo fray Juan Medina
Rincón, en el año 1580, la fijó en Valladolid. Se intentó,
entonces, levantar una catedral, pero, antes de ser concluida,
un incendio la consumió por completo.
Fray Marcos Ramírez del Prado, en 1640, se hizo cargo del
episcopado y dispuso la construcción de la actual Catedral, que
se inició en 1660 y fue terminada 84 años más tarde. Este
monumento, a pesar de haber sido edificado en plena época del
barroco, no observa esa explosión ornamental; las torres, desde
sus bases hasta la segunda cornisa y las paredes laterales,
responden con severidad a ese estilo. Las fachadas principal y
laterales ostentan bajorrelieves, en forma totalmente
planimétrica, bajo los órdenes arquitectónicos grecorromanos,
donde el barroco acusa su influencia en las ventanas ovoidales y
en el enmarcamiento de los altos relieves, que se hallan sobre
las puertas y en los remates de los frontispicios; en todo los
demás responde a la peculiar ornamentación moreliana, en
especial el segundo cuerpo de las torres allí las guardamalletas
fueron aplicadas con profusión; ya en el tercer cuerpo, cuando
toman forma octagonal, manteniendo lo planimétrico, desaparecen
las guardamalletas. Todo este trabajo señala la última etapa
donde las pilastras, con sus capiteles jónicos llevan su
entablamento completo. Integrándose a la armonía arquitectónica
del paisaje moreliano, las barrocas torres de este monumento se
alzan orgullosas. Con sus 60 metros de altura, son, dentro de un
conjunto de su género, las más altas del continente.
El interior del recinto, de orden dórico, mantiene una suntuosa
decoración en sus bóvedas y arquerías, está formado por tres
naves la intermedia, con bóvedas de lunetos, y las laterales,
con bóvedas de aristas. Las naves están enlazadas por un crucero
central, que corona una hermosa cúpula. La estructura
neoclásica del ciprés, de columnas compuestas, cubre un
impresionante manifestador de plata, el más grande del país, en
acabado totalmente barroco, obra del siglo XVIII. La pila
bautismal es, también, de plata; hecha por el año 1790. Se dice
que en ella bautizaron a Agustín de Iturbide.
En las capillas que se hallan a los lados de la entrada
principal, bajo las torres, la arquería responde a la
resistencia de las paredes exteriores. En la parte del coro hay
un majestuoso órgano, que por calidad de su sonido es uno de los
mejores de América Latina. En este magnífico instrumento, de
fachada churrigueresca los más destacados ejecutantes del mundo
interpretan, anualmente, extraordinarios conciertos. La sala
capitular, ricamente decorada, tiene al frente un Cristo de
marfil, cuatro valiosos jarrones de manufactura china traídos a
la Nueva España en la Nao de Manila, un pequeño cuadro del mismo
origen que representa a la Sagrada Familia en figuras de marfil,
y el báculo del primer obispo de Michoacán, don Vaso de
Quiroga, juntamente con su sombrero espiscopal. Engalanan las
paredes objetos y reliquias de alto valor y dos pinturas de
Cabrera: una que representa el Nacimiento de Cristo, y la otra
el premonitorio Sueño de San José, que salvó a la Sagrada
Familia llevándola a Egipto.